Canto a mí mismo

walt whitman

Autor: Walt Whitman
Fecha: 1855
Género: Poema
Idioma: Traducido al castellano

Resumen: Este es uno de los poemas más característicos del libro Hojas de hierba y de toda la obra de Walt Whitman. Canto a mí mismo forman quizás los versos más recordados del poeta estadounidense y constituyen una de las grandes piezas de la literatura estadounidense.

En Canto a mí mismo, publicado en 1855, es uno de los poemas más extensos de este libro, aquí mostramos el fragmento inicial que contiene alguno de sus versos más recordados. En este poema de Canto a mí mismo, Walt Whitman no solamente habla para sí, sino para toda la humanidad ensalzando los valores de la América que quería recordar. En estas líneas están representados todos los valores sobre la vida que el autor quería mostrar, con ese magnetismo tan propio de su estilo. Unos versos muy épicos, que representan el vitalismo y optimismo de Whitman, algo que quería expresar en Hojas de Hierba. Se canta a un espíritu fuerte, libre y joven, una virtud que todos parecemos tener al leer estos versos de Canto a mí mismo. Muchos de estos versos comprendidos en Canto de mí mismo han sido reproducidos y adaptados en innumerables obras modernas, como películas o series. Sin más resumen, solamente queda conocer un poco más de este poema de Canto a mí mismo (Song to myself) a través de este fragmento que reproducimos en Todos los Autores:

Canto a mí mismo (Song of myself), 1855

1

Yo mismo me celebro y a mí mismo me canto;
Y mis pretensiones serán las tuyas,
Pues que cada átomo mío también te pertenece.
Vago y a mi alma la incito;
Vago y holgazaneo a mi antojo, contemplando la brizna
de hierba estival.
Casas y aposentos llenos de perfumes están- las alacenas
saturadas de perfumes se hallan;
Aspiro yo mismo la fragancia y, complacido, la reconozco;
El vaho también me amenaza, pero yo no lo tolero.
La atmósfera no es un perfume- no tiene el dejo de la
destilación- es inodora;
Ella es para mi boca eternamente. De ella estoy enamorado;
Llegaré a la represa atravesando el bosque y, candoroso,
desnudándome,
Enloquecí al sentir su contacto.
Mi lengua, cada átomo de mi sangre, formados
de este suelo, de este aire,
Nacido aquí de padres, nacidos aquí de padres también
aquí nacidos,
Yo, ahora de treinta y siete años de edad, en perfecta
salud, comienzo,
Esperando no cesar más hasta la muerte.
Credos y escuelas a la expectativa,
Retirándome por un momento, teniendo suficiente de lo
que ellos son, pero sin olvidarlos nunca,
Yo ofrezco abrigo para el bien o para el mal,
Yo dejo hablar a todos a la ventura,
La naturaleza desenfrenada con la energía original.

2

El vaho de mi propio aliento;
Ecos, ondas, susurros, raíces del amor, filamentos de seda,
los caprichosos sarmientos y la vid;
Mi respiración y mi inspiración, el latido de mi corazón, el
paso de mi sangre y del aire a través de mis pulmones;
El aroma de las verdes hojas y el de las hojas secas, y el
de la ribera, y el oscuro color de las rocas marinas y
el del heno en el henil;
El sonido de las palabras musitadas por mi voz, palabras
arrojadas a los remolinos del viento;
Unos suaves besos, unos cuantos abrazos, un ceñir de
brazos;
El juego de luces y de sombras entre la arboleda cuando
la brisa la balancea;
La deleitosa soledad, ya en medio del bullicio callejero, ya
en la inmensidad de los campos y en las laderas de los
montes;
La sensación de la salud, los trinos bajo la luna llena, la
canción de mi despertar en el lecho encontrándome
con el sol.
¿Has contado alguna vez mil acres? ¿No has calculado que
toda la tierra era mucho?
¿Has empleado tanto tiempo para aprender a leer?
¿Te has sentido orgulloso al desentrañar el sentido de los
poemas?
Detente este día y esta noche conmigo y alcanzarás el
origen de todos los poemas;
Poseerás lo que es bueno de la tierra y el sol (quedan todavía
millones de soles);
No tomes más las cosas procedentes de una segunda o tercera
mano, no mires a través de los ojos de la muerte,
no te alimentes con los espectros de los libros;
Tampoco quiero que mires a través de mis ojos, ni que
recibas las cosas de mí;
Escucha las voces procedentes de todos los lados y tamiza
las que hasta ti lleguen.

3

He escuchado lo que los charlatanes decían, la charla del
principio y la del final;
Pero yo no hablo del principio ni del final.
Jamás existió otro comienzo que este de ahora,
Ni más juventud ni vejez que la de hoy;
Y jamás existirá otra perfección que la de ahora,
Ni otro paraíso ni otro infierno que este de hoy.
Impulso, impulso e impulso;
Siempre el creador impulso del mundo.
Más allá de la oscuridad emergen oponiéndose los iguales
– siempre sustancia acrecentándose, siempre sexo;
Siempre una fusión de identidad, siempre una distinciónsiempre
engendrando la vida.
Elaborar no tiene importancia- sabios o necios lo realizan
por igual.
Firmes en el más sólido convencimiento, aplomados en su
probidad, bien aferrados, abrazados a las vigas,
Recios como potros, amorosos, arrogantes, eléctricos,
Yo y este misterio, henos aquí de pie.
Límpida y amorosa es mi Alma, y limpio y amante es todo
cuanto nada tiene de mi Alma.
Si uno falta, ambos están ausentes, y lo invisible queda
demostrado por lo visible.
Hasta que lo visible se torne invisible y, a su vez, lo
compruebe.
Mostrando lo mejor y, apartándolo de lo peor, el tiempo
hostiga al tiempo;
Conociendo la perfecta fineza y la ecuanimidad de las cosas,
mientras ellos discuten, yo permanezco en silencio, y
voy luego a bañarme y admiro mi propio cuerpo.
Bienvenido sea cada órgano y cada uno de mis atributos,
y también los de todo hombre cordial y puro;
Ni una pulgada, ni la partícula de una pulgada de mi ser,
es vil, y ninguna partícula deja de corresponder con
las restantes.
Estoy satisfecho- Yo veo, bailo, río, canto:
Mientras, el acariciante y amoroso Compañero de lecho
duerme a mi vera durante la noche, y al amanecer se
aleja con furtivos pasos,
Dejándome cestas cubiertas por blancos lienzos, que regocijan
la casa con su abundancia.
¿Diferiré mi aceptación y mi realización, volveré mis atribuladas
miradas
Con objeto de que ellas dejen de contemplar el futuro a
lo largo de la ruta,
Y de inmediato me estimen más o menos en un céntimo,
Exactamente el valor de uno y exactamente el valor de
dos, y hasta cuál es el precio máximo?

4

Curiosos y preguntones me rodean;
Me encuentro entre la gente- Lléganme los recuerdos de
mi temprana vida, o del barrio y de la ciudad donde
viví, o de la nación,
Las recientes fechas, descubrimientos, invenciones, asociaciones,
autores viejos y nuevos,
Mi comida, vestidos, amistades, cuidados, cumplimientos,
deudas,
La real o ficticia indiferencia de algún hombre o mujer
amados,
Las dolencias de los míos, o de mí mismo, o las malas
acciones, o la carencia o la pérdida de dinero, o las
depresiones o las exaltaciones;
Batallas, los horrores de la guerra fratricida, la fiebre de
las noticias dudosas, los sucesos inciertos;
Estas cosas hasta mí llegan día y noche, y luego se apartan
de mí,
Pero no constituyen parte de Mí mismo.
Apartado estoy de tirones y empellones;
Permanezco alegre, complacido, compasivo, ocioso, íntegro;
Miro alrededor, erguido, o bien, apoyando un brazo sobre
mi impalpable aunque seguro apoyo,
Mirando, con la cabeza ladeada, en espera de lo que ha
de acontecer;
Metido dentro y fuera del juego, y contemplando maravillado
lo que ocurre.
Miro hacia atrás y me veo en lo días en que vagaba a
través de la niebla, acompañado por lingüistas y polemistas;
No tengo burlas ni argumentos- Miro y espero,

5

Creo en tí, alma mía- El otro que soy no debe rebajarse
ante ti;
Y tú no debes rebajarte ante el otro.
Acuéstate conmigo sobre la hierba- cállate;
No quiero palabras, ni música, ni ritmos- ni trajes, ni
lecturas, aunque sean lo mejor,
Sólo tu arrullo me agrada, el susurro de tu contenida voz.
Recuerdo cómo una vez que estábamos tendidos, durante
una transparente mañana de verano,
Apoyando tu cabeza de través sobre mis muslos, te volviste
gentilmente hacia mí,
Entreabriendo la camisa sobre mis pechos, hundiste la
lengua hasta mi desnudo corazón,
Y tendiéndote a lo largo de mi cuerpo, a él te adheriste
desde mis barbas hasta los pies,
Rápidamente se irguieron y se esparcieron en torno mío
la paz y la sabiduría, que superan a todos los argumentos
de la tierra;
Y sé que la mano de Dios es la promesa de la mía,
Y sé que el espíritu de Dios es hermano del mío,
Y que todos los hombres nacidos son mis hermanos, y las
mujeres mis hermanas y mis amantes,
Y que el germen de la creación es el amor,
Y son incontables los erectos o marchitos tallos que cubren
los campos;
Y las oscuras hormigas afanándose debajo de aquellos más
tiernos;
Y las musgosas costras que recubren las carcomidas vallas,
los montículos de piedras, el saúco, el gordolobo y el
eléboro (…)

Canto a mí mismo de Walt Whitman

Este poema continúa en su libro Hojas de hierba (aquí solo reproducimos el inicio más famoso de Canto a mí mismo) para seguir con la lectura de Canto a mí mismo (Song to myself) recomendamos alguna de estas propuestas editoriales. Disfruta de Walt Whitman.
 

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El fragmento de texto correspondiente al poema “Canto a mí mismo” de Walt Whitman está disponible bajo la Licencia Creative Commons Atribución CompartirIgual 3.0. Ha sido traducido y adaptado parcialmente para la lectura web de Todos los Autores.